Mientras realice el ya cotidiano rito anti-superstición con su moto, pasarán por su mente las imágenes de aquel día en el que asombró a todo el mundo, incluso a quienes conocían todo su potencial. Recordará aquel día en el que jugó con los límites de la física lanzándose a por un adelantamiento imposible que ya quedó para la historia. Un día en el que no sólo batió a la mejor moto del momento, sino que sirvió además de punto de inflexión en su temporada. Se dará cuenta en ese instante de que merece la pena luchar como sólo él lucha, vencer como sólo él vence y celebrarlo como lo sólo él lo celebra. Merece la pena, ya no sólo por su bienestar, sino por el bien del motociclismo, y del deporte en general.
Y pensará en él, en ese beso que le dio, y que sirvió para que él mismo le reconozca al pasar, y le siga cuidando, respetando y ayudando como el rey del motociclismo que es. Y aunque tenga que volver a librar otra batalla este fin de semana sobre su enorme pendiente, sabrá que con su magia y la protección de ese beso nada malo le puede ocurrir. Entonces, se subirá a su Yamaha, se ajustará el mono y sin pensar más, saldrá a hacer lo que mejor sabe, bajo la atenta mirada de su serpenteante figura.
Sacacorchos, ¡manifiéstate!
Rossi a por la 101. Saludos
ResponderEliminar